Todos tenemos una historia

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro.

De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.

Séneca (2 AC-65)

Infancia

Nací un 2 de noviembre de 1987 en Gijón, Asturias.

Si miro hacia atrás, me veo haciendo puzles, ganchillo y bailando “Sopa de Caracol” con una falda de volantes. Muy ecléctico todo, lo sé. Pero ser hija única es lo que tiene: una se tenía que entretener con cosas de lo más variopintas.

Ya por aquel entonces me encantaba leer y escribir, tanto que hasta gané un premio en el cole con mi cuento “La niña Pez”. Era la época en la que La Sirenita estaba de moda y no había funda de almohada en mi casa que, junto con unas gomas y un poco de imaginación, no hubiese servido como cola de disfraz.

Acabé la escuela infantil chapurreando los números y los colores en inglés y compitiendo por el primer puesto de mejor lector entre los niños de la clase. También y no sé por qué, me acuerdo de hacer una serpiente de plastilina decorada con lentejas. Creo que es por la frustración que sentí al ver cómo una de ellas no se quedaba pegada por más que yo insistiese. Desde entonces me acompaña un afán de perfeccionismo a veces desquiciante (para quien no valore las cosas bien hechas, claro 🙂 ).

Me encantaba dibujar así que estuve 4 años yendo a clases de pintura y aprendiendo técnicas de carboncillo, acuarela y óleo. Después de llenar las casas de familiares y amigos con “obras de arte”, decidí que era momento de cultivar otras aptitudes, así que le pedí a mi mamá  (1997) que me apuntara a clases de piano en la Escuela de Música Enrique Truan, puesto que aquel teclado de los Muppet Babies ya se me quedaba pequeño.

Adolescencia

Con el título de Grado Elemental de Piano bajo el brazo y cada vez menos horas libres por culpa de los estudios, llegó el momento decisivo de apostar por los idiomas, cosa por la cual estaré siempre agradecida a mi madre.

En el año 2002 y porque el año anterior me había quedado sin plazas, empecé a estudiar de manera oficial inglés y francés en la Escuela de Idiomas, donde años más tarde se me concederían ambos títulos superiores.

A esta edad uno ya empieza a tomar decisiones importantes respecto a su futuro y recuerdo el momento en el que en el instituto nos hicieron el famoso test de aptitud para orientar nuestros estudios.

La ciencia ya me encantaba gracias a Jose Antonio Fuentes Manso – uno de los mejores profesores que he tenido y al que recuerdo con muchísimo cariño – y todo lo relacionado con las letras se me daba bien, cosa que quedó patente en dicha prueba. Pero además, se puso de manifiesto que tenía potencial en aquello que requiriese visión espacial así que ¿por dónde tirar? La ciencia y la tecnología se llevaron la palma.

Juventud

La siguiente decisión académica relevante fue una vez acabado el bachillerato. Mi nota de corte en la PAU me permitió tener un amplio abanico de posibilidades formativas aunque la medicina, la enfermería y todo lo que tuviera que ver con la sangre quedó descartado desde un primer momento. ¡Menuda profesional iba a ser yo si al ver una gota de sangre y me desmayo!

Así que mi sentido práctico volvió al rescate y a pesar de que las matemáticas nunca fueron lo mío, pudieron más las ganas de enfrentarme a un reto con una buena salida profesional que me permitiese profundizar algo más en mi adorada Química y mi querido Diseño.

Fue así como decidí, en 2005, que me convertiría en una Ingeniera Técnica Industrial en la especialidad de Química Industrial.

Durante la carrera aproveché todas las ocasiones que tuve para cursar asignaturas de diseño. Tanto fue así que al final estuve involucrada en varios proyectos relacionadas con el Área de Expresión Gráfica, entre ellos haber participado en la primera promoción del Máster en Gestión de Diseño Industrial (MGDI 07/09) o haber recibido una beca del Vicerrectorado de Calidad Planificación e Innovación para realizar mi proyecto fin de carrera: un estudio técnico económico para el diseño e implementación de una galería multimedia de estructuras moleculares optimizada para propósitos docentes.

De esta etapa también me llevo un gran profesor y amigo, Ramón Rubio (@ramonrubio74): un docente de esos que hacen amenas las clases y ayudan a sus alumnos, incluso cuando ya no lo somos 😉

Entrada en el mercado laboral

En 2008 y relacionado con lo anterior, participé en el Certamen de Diseño y Discapacidad Inventa en el que fui galardonada con el premio Ideas en Metal (uno de los patrocinadores). A raíz de ese premio, la empresa concertó una entrevista tras la cual, entré como becaria en Octubre de ese mismo año.

Los 6 siguientes meses fueron “moviditos”: No sólo había empezado a trabajar sino que a la vez estaba acabando el proyecto fin de carrera y ocupando los viernes de tarde y los sábados por la mañana en el MGDI.

Todo eso, sumado a la presión de una abuela que aunque me quiere mucho no ayudaba diciendo aquello de: vidina, mira a ver si acabas todo a tiempo para quedarte a trabajar, que la cosa está muy mala, hizo que el periodo hasta abril fuera un tanto estresante, pero ese mes por fin fui cerrando temas y tras graduarme, el 04 de Mayo de 2009 entré, oficialmente, en el mercado laboral.

Ya han pasado casi 7 años desde entonces y puedo decir que he aprendido mucho en este tiempo. Y aunque haya sido dentro de la misma empresa, he podido trabajar en diferentes puestos aprovechando las oportunidades que se me brindaban: desde delinear planos, cotizar ofertas, diseñar productos hasta gestionar cuentas de clientes y llegar a ser la responsable de ventas en territorio internacional.

Pero sobre todo y lo más importante, he aprendido a nutrirme y a disfrutar con todo lo que la vida pueda ofrecerme.

Aunque ésto, ya son otras historias 😉

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