Tejados invernales – Peña Mea

Dicen que las casas no han de empezarse por el tejado y que uno debe comenzar a vestirse por los pies. Y que conste en acta que mi intención nunca ha sido contravenir tales premisas, pero mi experiencia montañera se está convirtiendo en la excepción que confirma la regla.

Remontándonos al origen, recuerdo que siempre me ha gustado caminar. Me parece una de las aficiones más baratas que existen y que encima, más aportan: disfrutas del aire libre, descubres nuevos paisajes, estás en comunión con la naturaleza… y además tu cuerpo te lo agradece con un buen chute de endorfinas que te dejan más feliz que una perdiz.

En mi caso particular esto se ha juntado con otro factor determinante, el cual podríamos catalogar de… inconsciencia. No en ese sentido ¡Niña, eres una inconsciente! ¿no ves que te vas a matar? que entraña riesgos, no, sino más bien en el de no ser consciente del tiempo, situaciones o esfuerzo que puede conllevar algo. Lo que también se conoce como “ser muy happy“.

Ésto, a riesgo de parecer negativo o poder desquiciar algunos nervios,  me ha llevado por el contrario a tener episodios memorables, como el de Esperadme abajo que voy a ver esa cascada que está en el fiordo y en 15 minutos vuelvo -volví 1 hora y media después y gracias a que un japonés me dio un palo para poder bajar de pie y no rodando- o el de Seguro que se puede llegar de esta playa de Ibiza a esta otra andando, qué más da que sean 10 Km por terreno pedregoso y que vayamos en cholas“.

¡Por supuesto que dio igual que cuando llegásemos tuviésemos tanto polvillo en los pies que pareciese que nos habían hecho un trasplante de piel de otra raza! Nada importaba porque lo bien que lo pasamos, eso, ahí se queda.

Y después llegó Dabo con la montaña. Como Paco, pero sin rebajas, que equiparse no fue precisamente barato. Y entonces pasé a medir lo andado en vertical en vez de en horizontal.

Y bien es cierto que en un primer momento si que empecé por el principio, acumulando desnivel en mis suelas de manera gradual y progresiva. Pero esto no duró mucho porque luego llegó el invierno y con él, las cimas.

Peña Mea

Fue un 17 de Enero de 2016 cuando decidimos que Peña Mea sería la elegida ese fin de semana. Se dice de ella que es una de las cumbres más emblemáticas del montañismo asturiano y todo aquel que se precie debería llevar sus 1557 metros en su colección de cimas.

¿Qué se puede decir de esta montaña? Pues yo la veo con carácter de mujer, porque si quieres descubrir su grandeza, tendrás que esforzarte en subir serpenteando verticalmente el primer y más duro de los tramos para que te deje descubrir uno de los paisajes más bonitos creados por la naturaleza: el ojo de buey.

Ojo de Buey Peña Mea

Pero la cosa no acaba aquí. De la que sigues ascendiendo, las vistas, las sensaciones y las expectativas mejoran por momentos mientras te vas asomando a un verdadero balcón de piedra y nieve y unas crestas que, en invernal, quitan el hipo.

Ayudada por esta vena mía de la antes mencionada de feliz inconsciencia, llegó el momento de echar manos y agarrar la roca para poder continuar. Y descubrí que es algo que me encanta, porque te exige silenciar el mundo y dejar de ser consciente, como dicen los yoguis, para ser verdaderamente consciente de lo que estás haciendo, tener los cinco sentidos alerta y  dejar el sexto guardado en la recámara por si acaso,  para no tener un desliz y convertirte en el nuevo Bruce Willis de la película.

Peña Mea Invernal

 Pocos debieron pensar que subir a Peña Mea un domingo de invierno después de haber pasado un temporal que había dejado nevadas a 600 metros era una buena idea, pues la nieve, blanca y menuda como el polvo, no tenía apenas pisadas.

Y por fin llegamos a la cima con tiento y muchísimo cuidado, y con bastante pesar no pudimos disfrutarla como nos hubiera gustado porque la tormenta, que iba formándose oscura en el cielo, venía pisándonos los talones.

Los pocos que habían subido habían bajado por el mismo camino, dejando la nieve pisada resbaladiza y peligrosa en la pendiente de la cara Sur.

Así que ahora le tocaba a él. El viento anunciaba con su fuerza la inmediatez de la tormenta; Dabo sacó su yo líder, el yo que no deja a nadie atrás en la cordada y que valora mentalmente todos los riesgos antes de tomar decisiones y que le permitió, poco a poco, abrir paso de forma lenta pero segura para dejarme así sus huellas y que le siguiera por la ladera Norte.

Peña mea invernal Dabo

Creo que de la tensión que acumulé en aquella bajada estuve 3 días con agujetas: la nieve resbalaba porque no había llegado a cubrir lo suficiente y el barro que había debajo jugaba malas pasadas en cada una de las pisadas y además, por fin, la tormenta que tanto anunciaba con llegar lo hizo en forma de ventisca de agua nieve.

Pero es a día de hoy que si tuviera que volver a hacerlo,  no cambiaría ni uno solo de los pasos que di, porque me han llevado a ser consciente de aspectos y características de mí misma que no hubieran aflorado si me hubiese mantenido dentro de la zona de confort, aunque efectivamente, haya empezado la casa por el tejado.

2 Comments

  1. Fue una gran ascensión y te portaste como lo que eres, una campeona ! Este fin de semana a ver si repetimos y nada más y nada menos que en el Tiatordos, otra gran montaña de aquí.

    Besos nena !

    P.D, a ver si escribes sobre tu gesta haciendo esa cima invernal en la Ubiña grande 😉

    • Patri

      Gracias, maestro! 😉

      La ascensión a la Ubiña será el siguiente capítulo en “Tejados Invernales”! En cuanto baje del Tiatordos y me venga la inspiración xD

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